La tarde abría sus puertas
con un rumor de glicinas,
yo aprendía en mi mundo
de piedritas y de risas.
En la orilla iba mi barco
de papel y de secreto,
y un perro flaco era rey
de mi calle sin regreso.
Mi vieja iba cantando
mientras barría el alero,
yo juntaba luz en frascos
para alumbrar mis inviernos.
---------------
Vuelvo al patio de mi infancia
donde un aromo reinaba
era todo un universo
de juguetes y esperanzas
------------------------
El aromo sigue ahí,
aunque el tiempo haya pasado,
me perfuma la memoria
como un fuego manso y claro.
A veces me gana el ruido
de los días apurados,
pero cierro bien los ojos
y vuelvo a pisar descalzo.
No se pierde lo que amamos,
se nos queda haciendo casa;
yo guardo ese patio entero
donde el alma se me agranda.