Es tu andar, propio de diosa,
tu mirar, breve descuido,
tu pasar ese suspiro
que sin querer tú provocas;
esa flor que rauda brota
como gracia del destino;
presencia que más estimo,
con el más divino aroma;
eres suprema elegancia,
una dulce sensación
y de vida, manantial;
una estrella en lontananza,
mensajera del amor:
ser nacido para amar...