A veces me pregunto por qué me acerco a ciertas almas,
y entonces recuerdo que el corazón no elige por lógica,
elige por vibración.
Me acerco a quienes despiertan mis pensamientos,
a quienes iluminan mis sombras
y me obligan —sin saberlo—
a mirarme más de cerca.
Quizá me he cruzado con amores que no sabían amar,
pero incluso ellos me dejaron una verdad:
que mi sensibilidad no es debilidad,
que mi entrega no es un error,
y que mi luz nunca será demasiado para quien sepa verla.
Yo sigo caminando,
amando con profundidad,
pensando con el alma,
porque sé que lo que busco también me busca.
Y cuando llegue, no habrá dudas,
solo la certeza tranquila
de que esta vez el amor no dolerá,
sino que por fin
será hogar.