Luego de varios domingos fatales,
había llegado uno maravilloso.
Despertarse no pesaba,
hasta dormí grandioso.
El alma va curando con amor a uno mismo,
pues la única solución a cualquier idilio,
es encontrarse personalmente con nuestro propio camino.
El encuentro es subversivo, revolucionario, clandestino,
es amable, sutil e incluso, a veces matutino.
Nos encontramos con dolores, los reparamos con tino,
para querernos, amarnos y cuidarnos a nosotros mismos
incluso cuando siempre, había odiado los domingos.