Elias Castellano

EL MONTE SINIESTRO

 

 

 

 

Sobre el monte, monte umbroso,

crecen pinos casi negros.

 

Canta el pájaro en voz baja,

El lobo tiembla de miedo.

Y el cordero que es humilde,

vestido de mensajero

suena una vieja corneta

con un metálico acento

para que todas las ratas

vayan a sus agujeros.

 

Es en ese oscuro monte

donde la luz no penetra,

que se oculta el largo beso

de la sombra con la niebla.

Y llegan las tiernas voces

de párvulos desde el pueblo:

 

“El que pueda hacer que lo haga,

y el que no, que espere quieto,

que después vendrá la feria

con sus vivos y sus muertos.

Con sus payasos, sus fieras

y trampantojos secretos”.

 

¡Niños, callad esas voces

que a mí me suenan de muertos!

Que hacen más oscuro el monte

y traen malos recuerdos.

 

Pero al callarse las voces,

mil querubines de negro

con guadañas afiladas

tiñeron de un rojo intenso,

la oscuridad y la niebla.

¡Y el largo y siniestro beso!