Un sol envuelto en mantilla.
5ª Parte
Cuán redes que van al agua
buscando buena captura,
que la mar nunca asegura
más que, ver la luz del alba.
Pasaron ya muchos años
y como historias de cuentos,
se acabaron los lamentos
que causaron tantos daños.
Brilla en sus ojos la luz
y en su cara una sonrisa,
ella nunca tiene prisa
en su sillón de bambú.
Qué larga se hace la espera
al encontrarse tan sola,
cual velero en mar sin olas,
sin viento se desespera.
Con tantos como ellos son,
para verse con sus padres
hay que buscar la ocasión,
que será de tarde en tarde.
Los dos solos se han quedado
para contarse su historia,
recuerdos que están guardados
en tanto tengan memoria.
Contemplándose los dos
se besan en la mejilla,
es la forma más sencilla
de declararse su amor.
Atrás quedó ya el ardor
de los primeros pecados,
de amores de enamorados
que traen la juventud,
cuán bello velo de tul
que por la vida ha pasado.
Ya tienen otros amores
más fuerte que los primeros,
los convierten en guerreros
y los cubren con Honores.
Son buenos trabajadores,
herencia de los abuelos
que no trajeron del cielo,
fueron todos engendrados
y por sus padres cuidados
cuán ellos fueron primero.
Cual sol que el ocaso esconde
dejando al día sin luz,
le llegó a ella su cruz
un frío mes de diciembre.
Sus ojos negros de siempre
son, un vivo mar de lágrimas,
donde pierde ella la calma
sobre su blanco pañuelo
que, aquella noche de duelo,
vino a destrozarle el alma.
José Ares