I_KENNETH

Yo también me rompí (PARTE III)

Yo soy el malo.

El fome.

El plano.

El que no sabía \" amar como en las peliculas\"

El que no celebraba.

El que no celaba.

El que te dejaba ser.

El que confía.

El que llegaba tarde, 

Pero llegaba. 

El que trabajaba.

El que pensaba en un futuro de verdad 

y no en un fin de semana bonito para redes sociales.

 

Mucho tiempo juntos.

Una vida entera aprendiendo,

a perdonarnos,

a reconstruirnos,

a entendernos con ojos cansados.

A veces era un \"mañana será mejor\",

a veces no.

 

No vine a pedir explicaciones.

Tampoco a explicar.

Las explicaciones son para los que todavía creen

que algo se puede salvar.

Nosotros ya nos hundimos hace rato,

solo que nos costo soltar aire.

El último aire.

 

Yo también escuché el golpe.

Ese silencio después de tu “me fui”

fue como una puerta que se cierra sin mirar atrás,

como si once años fueran un error administrativo,

un archivo que se borra sin confirmación.

 

Te vi crecer.

Te vi mejorar.

Te vi ganar.

Tener amigos,

Sentirte viva.

Y me alegre.

Yo solo quería que estuviéramos todos bien.

Siempre quise eso.

Aun cuando no estábamos bien.

Aun ahora.

 

No te voy a mentir:

sí dolió.

Pero no como la gente cree.

No fue el orgullo.

Fue el corazón.

Eso que tú conocías bien,

ese músculo que siempre trataste de romper

para que aprendiera a sentir.

Nunca se rompió.

Solo se agrietó.

 

¿Sabes qué fue lo peor?

No que te fueras.

No que fuera por otra persona.

Fue la rapidez.

Como decía mi abuelo,

\"Un mono no suelta la liana si no está afirmado de otra\"

La facilidad.

¿Cuantos dias bastaron para reescribir

lo que yo creí que era una historia?,

Mi historia,

nuestra supuesta historia.

Mis sueños...

Y ver eso sin parpadear

fue mi lección más adulta:

nadie le pertenece a nadie,

y tú menos que nadie.

 

Yo me enteré como se enteran los hueones:

Tarde

Cuando ya estabas afuera.

Cuando ya mentiras por deporte.

 

No te odio.

Eso sería sentir demasiado.

Tampoco te extraño.

Eso sería darte poder.

Lo mío ahora es más limpio:

una calma áspera,

una distancia quirúrgica,

una forma elegante de no volver.

 

Me toco ser el fuerte.

El \"papá bacan\"

El que tiene respuestas.

El que enseña chistes fomes.

El que calma miedos,

Con libros de ayuda,

 con palabras correctas,

con ayuda psicológica.

El que arregla.

¿Lo que rompió?

Porque yo si lo acepto,

fui mejor padre que pareja,

no porque no te quería,

sino porque me nació,

tal vez por mi falta de figura paterna.

 

Si algún día hablamos,

hablaré así:

sin temblar,

sin esperar nada,

sin disfrazar la verdad.

Ojalá encuentres tu versión de ti.

No te castigo,

no te reclamo.

Te asumo.

 

Vimos cambiar a nuestro hijo,

vi como se apagaba,

como se enojaba,

golpeaba,

como lloraba sin razón.

Yo solo lo abracé como si pudiera salvarlo,

no creí que funcionaría 

y funcionó.

Alguien tenía que hacerlo.

Y fui yo.

 

Fuiste mi compañera varios años,

y también mi error durante varios.

El amor se murió,

pero la lucidez nació de su cadáver.

 

Hoy solo me importa una cosa:

nuestro hijo.

Él sí es real.

Él sí vale la pelea,

el cansancio,

las palabras que a veces no alcanzo a decir.

Las miradas que, 

a veces, 

hablan más que mi voz.

 

A ti…

a ti solo te deseo lo mismo que yo aprendí:

que la vida te muestre quién eres

sin anestesia.

Que el espejo no mienta.

Que el amor no te salve.

Que la verdad te encuentre de frente

y te atraviese sin preguntar.

 

No por venganza.

Por justicia.

 

Entendiste jamás.

Mi amor es.

Sin jaulas.

Sin golpes.

Sin gritos.

Sin celos.

Con intensidad.

Y aun así cambiaste.

Yo no quiero esto,

no quiero escandalos

de nadie,

por nada.

Eres libre de ser quien quieras.

Cariño de supermercado.

 

Cuando quisiste abrazarme,

Retrocedí. 

Por supervivencia.

Porque si te toco,

Me termino de romper para siempre.

Porque me rompí.

Pero en silencio.

Con mi hijo durmiendo al lado.

Con su respiración calmándome.

Con mis miedos sanando los suyos.

 

No te deseo mal.

Nunca te lo desee.

Solo quería que entendieras,

Que ya no somos.

 

Al final,

lo único que queda de nosotros

es lo que fuimos capaces de mirar

cuando ya no quedaba nada.

Perdón.

No sabía cómo decir que no quiero más dolor.

 

Yo te amé.

Y tal ves aun te amo

En un rincon que trato de no tocar.

Ya no confío.

 

Ahora solo quiero 

que nuestro hijo aprenda:

Que lo cuido.

Que lo protejo 

A el y a su corazón.

Que el amor no es caos,

no es abandono,

Ni capricho,

Ni miedo.

 

Y yo te miro ahora,

sin dolor,

sin rabia,

sin amor.

 

Solo con la fría certeza

de que esto terminó mucho antes

de que tú tuvieras el valor de decirlo.

Me rompí

pero me pegue con pegamento,

Porque él necesitaba un padre entero.

Y si algún día se vuelve a caer el mundo,

Aprenderá 

Que siempre estuve ahí.