Sentirme extasiado.
Sentirme devastado.
Las mariposas en mi estómago
quieren escapar.
La salida más cercana
carece de motivos.
El odio me guía,
la soledad me ciega.
Tiñe mis pestañas de ira.
Maldigo el punto exacto
donde alguna vez fui feliz.
Mi cuarto, un palacio vuelto cárcel.
El lujo de sentir, ahora tortura.
Pertenezco al hueco entre tus manos.
Y quiero escapar.
El laberinto de mis deseos
ya no se ilumina con estrellas.
Los muros de mis sueños
se caen a pedazos.
Mi cementerio de miedos
empieza a florecer.
La escalera hacia el altar
es camino a la guillotina.
Quiero escapar.
No sé pedir ayuda.
Las cadenas que me sujetan
son instantes en que me siento bien.
Mis propios sentimientos luchan
por arrancarme la vida.
Odio discutir con mis mitades.
Odio.
Discutir.
Con mis dos mitades.
Me pesa el cuerpo.
Mi alma grita.
Mi sonrisa ya no existe;
me la robaste.
Cada parpadeo dura décadas,
como si el tiempo no pasara.
Se detiene al ritmo de mis pulsaciones.
Mi paisaje se vuelve gris
en todas sus formas.
Mis cabezas alternan recuerdos contigo
y pensamientos que los rehúyen.
Mis ideas son cosas que no haré;
mis deseos habitan la franja
de los imposibles.
El lobo ya no aúlla
a tus lunares.