¡Yamboré—yamboró—yamboré!
¡Yamboré—yamboró—yamboré!
La madre canta sobre la frente
trenza el aura, limpia el camino
y en cada sílaba vuelve presente
la fuerza del amor divino.
Todo daño que llegue al hogar
es contenido, roto y neutralizado
porque quien canta sin ocultar
tiene al espíritu de su lado.
¡Yamboré—yamboró—yamboré!
¡Yamboré—yamboró—yamboré!
La madre canta sobre el enfermo
moja la frente, gira su voz
y en cada sílaba vive el germen
de un viejo pacto entre ella y Dios.
Trenza la sombra, trenza la herida
trenza el veneno que quiere entrar
entre sus dedos nace otra vida
que el mal de ojo no puede manchar.
¡Yarilé—bomoré—yarilé!
¡Yarilé—bomoré—yarilé!
Sube el humo de yerba quemada
gira en los techos, lame el portal
va recogiendo, con su mirada
todo veneno, todo puñal.
Sopla la abuela tres veces lento
rompe la envidia con su soplar
y entre el perfume del firmamento
se muere el ojo que quiso mal.
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