Tengo un otoño,
que ha ido dejando atrás lo vivido,
lo que fue amado,
definitivamente ya, lo perdido...
He tenido y he tocado,
cada pétalo marchito de uno mismo,
un hombre de barro,
nada más y nada menos, que eso...
Lo escribo con miedo,
porque ya aprecio la senda del ocaso,
del poeta acaso,
de tantos años ya, ajado y desabrigado...
Tengo un otoño,
donde directamente estoy en el suelo,
aguardando reflexivo,
que Dios en breve, me eleve a su Cielo...