Maximiliano soto ñancucheo

“cayendo lejos del cielo”

Cayendo Lejos del Cielo

Estoy cayendo…
y la caída ya no duele,
lo que duele es recordar
que alguna vez supe volar.

Hubo un tiempo en que el cielo
me hablaba con voz de esperanza,
y mis manos tocaban la luz
como si fuera parte de mi piel.
Pero ahora esa luz me quema,
me rechaza, me olvida,
como si nunca hubiese pertenecido allí.

Mis alas se rompieron despacio,
no en un golpe,
no en un grito,
sino en silencios acumulados
que nadie escuchó.
Caí por dentro
mucho antes de que mi cuerpo empezara a hundirse.

El viento no me sostiene,
la oscuridad me reclama,
y cada metro que desciendo
me arranca otro pedazo de lo que fui.
Estoy perdiendo recuerdos,
perdiendo fuerza,
perdiéndome a mí.

Quisiera aferrarme a algo,
a alguien,
a un último destello,
pero incluso mis dedos tiemblan
como si tuvieran miedo de vivir.

Y lo más cruel
no es el vacío que me espera abajo,
sino el cielo que queda atrás,
tan alto,
tan lejano,
tan indiferente a mi caída.

A veces me pregunto
si el infierno realmente está abajo,
o si el verdadero infierno
es haber conocido el cielo
y ya no poder volver.

Estoy cayendo…
y no sé si quiero ser salvado.
Porque en esta caída,
aunque me destroce,
al menos encuentro la verdad:
todo lo que amé
fue demasiado alto para mí.