Maria elizabeth Freire

Pena Ajena

 

TU CREES QUE SUFRES, pero para mí este vacío pesa el doble.

Tu presencia ausente me calcina.

Y aun así, me levanto entre cenizas.

Los silencios prolongados: osamentas sin aliento.

El hastío, la rutina, se me clavan al alma como puñales.

TU CREES QUE SUFRES,

¿Pero acaso sabes que este desdén me desnuda los huesos?

Las horas son anclas lentas,

nos enredamos en la cama sin un solo murmullo.

Un oasis de espejismos.

Un desierto de hielo y duda nos devora.

TU CREES QUE SUFRES, 

mientras yo me extravío en el abismo.

En la indiferencia, en la gana infinita de Volver a quedarme...

Pena ajena recorre mi alma por este ser que desconozco,

la sombra hueca de lo que fui.

Te miro e imagino tu mueca distante, tu cara de burla, espectro.

Te esfumas, apareces, te desvaneces en la bruma.

TU CREES QUE SUFRES 

¡Y sí! Porque solo te suspendes en el aire,

con el pánico a romper lo que ya es escombros,

y alargas la agonía de esta historia muerta 

TU CREES QUE SUFRES 

¡Y sí!

Porque olvidaste de algún modo el

 verbo Amar y su conjunción.