ME SUMO A LA INTOLERANCIA
Las personas que tengo a mi alrededor
avanzan, retroceden, se multiplican,
pero hacia dónde o con qué finalidad.
Sonríen, piensan, se transforman
a ojos vistas, y yo discurro a su lado,
allá vamos donde quiera que se vaya.
Convivir trae estas cosas,
se supone que vivir al lado o en contacto
conduce a esto.
A todas partes que voy
me muestro amable, dispuesto,
me sumo al goce y me sumo a la intolerancia
a ese lamento constante,
viajamos en compañía, pero
¿ por qué o hacia dónde nos dirijimos?
Me suele pasar que guardan
alguna carta escondida
pero igualmente me subo al carro
al discurrir cotidiano,
todos juntos, no me importa.
Van conmigo todos juntos,
un pueblo entero, sus gentes
con su castillo y su iglesia,
patrullamos por lo antiguo
de las calles del casco urbano
como grupo de aficionados al arte.
La paz resulta imposible,
me incordian, nos incordiamos,
no hay fin que el medio sustente
aunque ya no me pueda quedar a medias.
Esta noche hacía un frío severo,
puro, maligno, pero quisimos seguir avanzando
agrupados, en compañía, hasta cruzar por la plaza
que todavía está en obras.
Gaspar Joveer Polo