Hoy descubrí fantasmas
rondaban por los cuartos
de la casa vacía,
al otro lado de la ventana,
mi abuelita
al borde de su cama
contaba y desataba los nudos
colgados de su alma.
Eran ya las tres de la tarde.
¿Ya te fuiste?
Dijo, en voz alta
mientras aguardaba en su silencio
una réplica distinta a la soledad.
Pero no, yo no me he ido.
¡Aún sigo aquí abuelita!