Manuel Valles

Tiempo después...

La casa abre su desvencijada puerta.

Con tristeza me pregunta: ¿qué fue de aquellos

que habitaron mi interior de noble madera?

¿Qué fue de la risa atrapada de los niños?

¿De los viejos leyendo sus libros de aventuras?

 

Las cortinas, roídas, se fueron muriendo

igual que los trastes sucios de la cocina.

La historia quedó envuelta en los trapos húmedos,

en los olores antiguos que me platican

del tiempo convertido en recuerdos y escombros.

 

Hay un hondo silencio clavado en las bardas

y cada objeto es cómplice de lo callado.

 

Afuera se han secado y muerto las hortensias,

solo persisten en su terquedad las hiedras,

bebiéndose el agua estancada de los pozos 

y trepándose a los muros como ladronas

-¿Qué pueden robarse en esta casa vacía?..

¡Quizá el último sorbo de café en la taza

y el eco de las últimas palabras dichas!-.

 

Se habla de cosas estirando algo el pañuelo,

pero esta casa llora cerrando su boca

y tímidamente va chorreando en sus muros

un nostálgico sino de desventuras.