Todo en mi cuerpo se eleva
Mis manos cancinas
Mis ojos añejos
Estoy condenado y bendito
El ascenso al arcano
Es un misterio que me abate
Los días invariables
Las noches lánguidas
En medio de tanta advertencia
Una luz se asoma, tímida
Por la ventana de mi cuerpo
Recorre cada paraje
Lo toca, lo invade, lo ilumina
Los sentidos llenos de gozo, se enaltecen.