Mari.o

PHILOSOPHICUS POETICUS TRACTATUS

PHILOSOPHICUS POETICUS TRACTATUS


¡Ah, la poesía!, la amada poesía.
Poesía que me alimenta, me contenta
me muestra en su clarividencia.

Con la poesía he conquistado mujeres
y los respetos de los hombres.

Mi letra ha sido siempre clara
y honesta. Por eso es que pude
conmover los corazones, y con ello
ser reconocido, no por las masas
sino por la autenticidad de la gente.

No me cansé de ser poeta
porque en mi lengua llevo el yerro
que corta el gélido aire glaciar.
Y es menester del poeta, entibiar
los ánimos de quienes amablemente
le escuchan.

El poeta es el hombre,
es la mujer que ha reconocido
su ceguera frente al ojo del mundo. 
Por tanto, cuando el reconocimiento
se ha efectuado, la naturaleza de todas
las cosas y todos los seres se reúnen
al filo de los montes, toman las manos
del iniciado y cubren sus ojos con ellas.
Al despertar, la existencia se hace
evidente. Pero nadie le ha dicho
al poeta que es un poeta aún.
Sin embargo, en su andar
tendrá que descubrirlo
para asumirse, no
en la vestimenta
poética, sino
que, en la 
hacedora
virtud.