Al borde del olvido
tu nombre tiembla
hoja seca atrapada
entre la brisa del otoño
y la marea que regresa cansada.
El mar, con su antigua paciencia
repite tus silabas
como quien acaricia un naufragio
pero el viento
ese viejo traidor
las esparce sobre los muelles vacíos.
Yo camino entre hojas rojizas
como quien busca un faro
en la memoria rota de noviembre
y encuentro tu sombra rendida
debajo de un susurro salino.
Aun así
cuando el día se hunde
y el horizonte respira su último fulgor
un hilo de ti
late en cada ola que muere.
Porque hay amores
que no desaparecen del todo
se quedan allí, quietos
al borde del olvido
esperando que el corazón
vuelva a recordarlos.