El amor, dicen, empieza como un destello: un roce mínimo, una mirada que se queda más tiempo del permitido, un latido que se adelanta como si recordara algo que el cuerpo todavía no entiende. Pero nadie avisa que ese primer destello es apenas el umbral de un ritual antiguo, uno que cada pareja repite sin saberlo, como si las almas memorizaran pasos que los cuerpos fingen aprender.
Primero viene la invocación: dos que se llaman sin decirse nombre, dos que se buscan sin haberse encontrado. Ahí el mundo baja el volumen, y la piel aprende a hablar.
Luego llega la ofrenda, esa entrega a medias, porque nadie se desnuda completo al principio, pero suficiente para que el otro note la grieta, y decida si mete la luz…o la sombra.
La pareja avanza entonces al altar del día a día, donde el amor se prueba sin poesía, sin cámaras lentas, sin la música que antes parecía escrita para ellos. Ahí la convivencia es la verdadera hoguera: arde cuando hay pasión,arde cuando hay enojo, arde cuando el silencio pesa más que el abrazo.
Y sin embargo, el amor insiste. Insiste en quedarse, insiste en reconstruir lo que el tiempo rompe, insiste en recordar que dos que se aman también pueden fallarse porque fallar es parte del rito.
Después viene la purificación, esa etapa donde el orgullo muerde, donde la voz tiembla al pedir perdón, donde se aprende que amar no es ganar, sino sostener lo que tiembla sin dejar que caiga.
Y cuando parece que el ritual se quiebra, cuando los días pasan filosos y las dudas se sientan a la mesa como invitados incómodos, ahí ocurre el misterio: la pareja vuelve a elegirse.
\"No por inercia. No por costumbre.Por decisión.\"
Porque amar es eso: un acto voluntario de fe en lo que duele y en lo que sana.
Al final, el ritual no termina; solo cambia de forma. El amor muta, respira, cae, se levanta; es un animal indómito que a veces ruge y a veces se duerme entre las manos como un niño exhausto.
Pero si dos corazones resisten lo suficiente, descubren el secreto que nadie dice en voz alta: que amar de verdad no es un milagro, sino un hábito sagrado, un pacto silencioso, un poema sin métrica que se escribe cada día,
y que aun así, logra rimar.
JCLoboramz