Me tocaste.
Y, a pesar del calor,
tu roce se sintió ajeno.
Igual que una mancha en lienzo limpio.
Un amor que, obviamente,
nunca es mío.
Tus ojos que miran,
más nunca dan vida.
Besos comprimidos, labios que rompen mi piel.
Amante,
del vidrio que rasga
mis intestinos.
Dedicas cariños,
desconozco si por gusto,
tal vez una obligación.
Un compromiso escondido,
recóndito,
oculto de miradas curiosas
de oídos sordos,
de voces mudas.
Sigo aquí, amor.
Mirame a mí, te suplico.
Besame tanto, de rodillas ruego.
¿Puedo ser la única fuente de vida en tu corazón compartido?