__Infantil de Acción de Gracias__
En la casita del viento,
tempranito al despertar,
la mesa estaba esperando
su vestido de cristal.
Llegó la abuela contenta,
con su olor a pan y a mar,
y un pavo muy presumido
que empezaba a bostezar.
—Hoy no hay prisas, mis tesoros,
que la luz quiere jugar—
dijo el sol por la ventana
pintando todo de azafrán.
Los niños corren riendo,
traen hojas del rojo más
y un susurro en sus bolsillos
hecho solo de amistad.
En la cocina florece
la magia del cocinar:
calabaza dulcemente,
manzana que quiere volar.
La familia se reúne,
nadie quiere descansar.
Con un abrazo redondo
las gracias quieren donar:
Por la lluvia que canta,
por la brisa que encanta,
por la escuela y los amigos,
por los abrazos antiguos.
Por los juegos sinceros,
por los sueños viajeros,
por la risa que crece
cuando el alma lo merece.
En ese hogar, como un suave abrazo,
la gratitud floreció paso a paso.
Y el Día de Gracias, radiante y cantante,
se volvió para todos…
el tesoro más importante.