gaspar jover polo

LLUVIA EN LAS ERAS

LLUVIA EN LAS ERAS

 

Desde los altos de la casa

contemplábamos el horizonte

y advertíamos del crecimiento

y de la dirección que podían tomar

las tormentas, los nublos, los temporales

porque nunca está de más un poco de planificación:

“Por Camara viene el nublo”, se oía decir

y la lluvia, al final, el precioso elemento, caía o no caía,

corría por las calles o apenas humedecía

el pavimento.

Pero el cielo se ponía muy oscuro, eso sí,

la extensa nube gris era una mancha que crecía

y crecía y cuya evolución definitiva solo

se atrevían a intuir los más expertos,

los hombres curtidos, los excampesinos

en una población creciente que ya no andaba

cerca de la tierra,

que se iba alejando del campo en su impulso vital,

y que resultaba difícil prever hasta dónde

podía llegar en su impulso, o tal vez no pararía

nunca, en ningún momento.

Los expertos clamaban desde las dependencias superiores:

 “¡niebla en Cabreras/ agua en las eras!”,

y era un pronóstico que se cumplía

con exactitud más de una vez.

 

Gaspar Jover Polo