Carolina Ugas Pazos

Misoginia

La serpiente tomó a la mujer por la fuerza y la ató de los tobillos a las muñecas (era una culebra muy larga), y se la dio, en estado de shock a Satanael, uno de los ex empleados.

El golpe de la estruendosa caída la había conmocionado. Pronto una nota apareció en las puertas del jardín del Edén, estaba escrita en arameo y su destinatario era Adán:

“Queremos seis cientos sesenta y seis kilos de la fruta prohibida del árbol del Bien y del Mal. Si no depositas los dieciocho sacos de mangos en las puertas de éste antro de salvación en el término de cuarenta y ocho horas, te devolveremos a Eva muerta y cortada en pedacitos, hecha sushi. Recuerda que somos muy malos y no estamos jugando”.

Firmaban la nota Lucifer y otros demonios.

Adán leyó la esquela, lloroso cae de rodillas y ora al Señor, su Dios:

-¡Gracias Dios mío! ¡Al fin me libre de ella! ¡Gracias! ¡Gracias Señor! ¡Gracias!

 

26/01/2005

Ollin