Hoy diré unas palabras con pena en el corazón. Les aconsejo a los cuerpos en tierra, a los cuerpos en casa o en las calles, que lo primero que hagan al cruzar destino con otra persona sea desconfiar. Sí, desconfiar.
Desconfíen con frialdad en la mente y en el espíritu; desconfíen porque no hay peor mal viviente que otro humano.
Por su propio bien, les recomiendo no confiar en nadie.