Sir. Black Lyon

San Miguel Arcángel (Sobre el gran príncipe de las milicias celestiales; aquél que pisó el orgulloso corazón de Lucifer).

En el Evo surgió el terror,
blasfemias que llevaban a la condenación.
Un querubín afrentaba a Dios;
por orgullo, negaba la voluntad de su creador.

La batalla duró eones;
clanes, divisiones, dialécticas y conclusiones.
Ángeles: orantes hasta beligerantes intelectuales:
La gran guerra angélica había comenzado.

¡Oh, poderoso San Miguel!
Príncipe de la milicia celestial del Señor:
Dios te concedió la gracia de enarbolar su bandera y,
en tu nombre, la impronta que sellaría los labios del acusador. 

Bendito San Miguel,
de entre todas las jerarquías, tu corazón ardió.
Ni las \'Piedras de Fuego\' pronunciaron con tal estruendo:
\"¡Quién como Dios, Lucifer!\";
síntesis ex cátedra arcangélica,
que selló la lengua demoníaca.

¡Al destierro, orgulloso querubín!
A ciencia cierta elegiste el mal;
a ciencia cierta te apartas del bien.

¡Qué el Señor te reprenda, Leviatán!
¡Qué en cada exorcismo tiembles cuando veas a San Miguel!
Por la eternidad te retorcerás al saber,
que una jerarquía inferior, supo callarte, humillarte y expulsarte al caer.

¡Gloria eterna Al tres veces santo!
¡Gloria eterna al Demiurgo, al Logos y al Paráclito! 

Fiat mihi secundum verbum tuum