Noelia Beteta

A un paso del abismo

Camino despacio,
no por miedo,
sino por costumbre.
Cada día imagino
el frío de un disparo
rompiendo el aire,
y espero…
tres segundos,
a veces cinco,
como si darle tiempo al destino
pudiera, por fin,
ahorrarme otro amanecer.

Pero nada pasa.
La vida sigue
como si no escuchara
mis silencios.

Subo escaleras
que parecen montañas rotas,
y hay instantes —breves, crueles—
en los que pienso
qué sencillo sería
soltar el cuerpo,
dejar que la gravedad
haga lo que yo ya no puedo.

Estoy cansado.
Cansado de sobrevivir
a días que no pedí,
a noches que pesan,
a un mundo que no entiende
que incluso seguir de pie
es una herida abierta.

Y aun así, aquí estoy,
no por fuerza,
ni por fe,
sino porque incluso el cansancio
tarda en rendirse,
y porque mi caída,
por ahora,
sigue esperando.