Oh Rosa luminosa, fulgor sacerdotal
que elevas en silencio tu esencia primorosa
tu llama es una ofrenda de lumbre misteriosa
y un canto que destella en lo alto celestial.
Ante ti se arrodilla la nave universal
los astros bendicen tu gracia victoriosa
y el viento te proclama reliquia portentosa
insignia de lo eterno, emblema y ritual.
Tu sombra es un santuario de luz transfigurada
tu centro es un incensario de aroma espiritual
tu forma es un milagro de vida consagrada.
Oh Rosa de la Noche, destello sideral
yo sigo tu sendero de brasa revelada
y bebo de tu cántico su fuego colosal.
En ti calla el enigma del soplo primigenio
oh Rosa que despliegas espiras de infinito
tu brillo es un secreto que late en lo bendito
un signo que desgrana lo eterno en su diseño.
Tu savia es el emblema del fuego que preñó el sueño
la cifra del silencio que nombra lo proscrito
y en tu templo de pétalos se oculta lo inaudito
la llave que desata el origen y su empeño.
Eres brillo del símbolo y lámpara del alma
un sello que consagra la noche sideral
y un eco que colma la bóveda en su calma.
Oh Rosa que sostienes el pulso universal
perfuma con tu espíritu la senda que embalsama
y guía hacia el arcano mi paso ritual.
Entre ambas no hay oposición, sino dos modos de aproximarse a lo sagrado.
La Rosa Litúrgica convoca; la Rosa Hermética revela.
La primera enciende la fe a través de la belleza ordenada; la segunda despierta la conciencia mediante la belleza velada.
© 2025 ElidethAbreu — Todos los derechos reservados.