I_KENNETH

Hoy te vi

Hoy te vi.

 

Y no sentí nada.

 

Ni se me contrajo el culo,

ni se me erizó el vello del miembro,

ni me latió la sangre entre las piernas con esa urgencia de puta que tenías para mí.

Solo un silencio clínico,

el zumbido de una ampolleta en una habitación de hospital,

donde antes había gritos y olor a semen con sudor.

 

Te sentaste en la misma silla donde te abrías,

mientras te desabrochaba el escote con los dientes.

Hoy hablamos como dos testigos en un juicio que no importa.

Palabras huecas.

Gestos de autómatas.

Ojos que se miran el ombligo para no cruzarse,

como si el recuerdo de nuestras pupilas dilatadas fuera el de un arma cargada.

 

Ni una roca.

Ni la electricidad estática de cuando nuestras manos se buscaban debajo de la mesa.

Ni ese maldito temblor en mis muslos que era tu tarjeta de visita.

 

Pero mi cabeza

todavía sabe.

Sabe el sabor exacto de la mañana,

ácida y salada.

Sabe el peso de tu siesta en mis manos,

cómo tus pensamientos se ponían duros como balas.

Sabe el sonido de tu nudo,

húmedo y obsceno,

cuando corrias con esa rabia que tenías por vivir.

 

Nosotros no vivimos el amor.

Nosotros nos odiábamos viviendo.

Nos destrozábamos el uno al otro con la boca,

con las manos,

con los dientes.

Sudábamos veneno

y nos lo bebíamos a sorbos.

Jadeábamos mentiras

que sonaban más ciertas que cualquier verdad.

 

Tu boca sabía a mí,

a mis ganas.

Te mentí completamente en ese local

y te miré llorando,

no de dolor,

De pura

y rabia.

Lloramos contra el muro frío de una escalera,

Fuimos todo lo que no debíamos ser,

todo lo que nos prohibíamos,

y por eso nos sabía a gloria.

 

Fuiste mi carne.

Mi droga.

Mi pecado con olor a tu perfume

y a mi en tu piel.

 

Pero hoy,

aquí,

con tu café sin azucar

y tu aire de buena persona,

eres una extraña.

 

Porque te miro,

te miro de verdad,

y mi cuerpo es un mapa donde tu nombre ha sido borrado.

No te reclames.

No te busco.

 

Hoy no siento hambre por ti.

Ni sed.

Ni rabia.

Ni el más mínimo cumplido de deseo.

Nada.

Un vacío quirúrgico,

limpio,

seco,

perfecto.

 

hoy no alcanza ni para calentar esta taza de café.

 

No te rechazo por rencor.

Te anulo porque ya no eres parte de mi biología.

Porque lo que tuvimos fue intenso,

creo, 

fue una maldita guerra,

pero esa guerra terminó.

 

Hoy te vi.

Y no sentí nada.