Te enojabas porque te aconsejaba
que no andes en cosas malas, ni con
esos amigos que te reúnes, y tu siempre me decías que no me metíera en tu
vida, eso me dolía mucho.
Hoy que estás pagando tus fechorías
te arrepientes, y ya no estoy para darte un consejo de amigo.
Solo le pido a mi Dios que cuide de tu vida donde estés y de tu vejez, si es que llegas a esos días de bastón.