Jeraldi Rosas

Alguna vez amé a una mujer

Quiso de mí la luz,
las risas que nacían sin esfuerzo,
los días en que todo parecía fácil
y mi corazón brillaba sin pedir nada.

Pero mis sombras la asustaban.
No soportó mis silencios cansados,
mis grietas, mis dudas,
esas noches en que yo también necesitaba
que alguien me sostuviera.

La amé,
y al amarla la miré como se mira
lo más frágil y lo más sagrado.
La llevé a una cumbre
que mis propios pasos temían alcanzar.

Y aun así,
ella dejó de amarme rápido,
como quien suelta un recuerdo
antes siquiera de entenderlo,
mientras yo aún me quedaba
esperando un poco más de tiempo.