Cuenta la leyenda que una princesa se marchitó,
que simplemente se apagó
después de haber brillado como el sol.
Dicen que su risa se perdió
entre un viento desolador,
que su mirada se apagó
y que fría se volvió.
Porque amó con tanta verdad
que congeló su propio corazón,
pues un día prometió
ser fiel a un solo amor.
Tal parece que él la olvidó,
que de su memoria la borró,
prefiriendo el pecado antes que el amor,
cuando Dios fue testigo
de lo que los unía en medio de las estrellas
la luna y el mar .
Pero cada acción tiene una reacción.
Que hoy la ruleta gire a su favor,
y que Dios dirija su fe
y su devoción.