En un café que respira historia y sombra,
la tinta se curva y tu nombre se nombra.
Pizarnik susurra entre líneas quebradas,
Cortázar sonríe en cartas cruzadas.
Tus ojos recorren secretos no escritos,
la curiosidad arde en los rincones prohibidos.
Entre asesinos y lunas que nadie recuerda,
el mundo se inclina y la noche se dispersa.
Cada frase tuya es un filo que despierta,
cada silencio un misterio que se acerca.
Las cartas vuelan por calles imaginadas,
y la poesía se dobla entre manos calladas.
La tinta se quiebra, se curva, se dilata,
el eco de tu mente a la mía se acata.
En conspiraciones, en preguntas que arden,
la distancia se acorta y los versos se guarden.
París es un suspiro que nunca termina,
los cafés son testigos de nuestra rutina.
Entre libros, sombras y palabras que cruzan,
la noche nos mira mientras las cartas se usan.
Y así seguimos, entre tinta y memoria,
Pizarnik y Cortázar guían nuestra historia.
Tus ojos, tus gestos, la mente que se enciende,
la curiosidad nos junta y el silencio se entiende.
Cada línea que escribo es un puente secreto,
cada frase un abrazo que nadie ha prescrito.
La poesía respira, la sombra se curva,
y en el filo del verso, tu esencia se reserva.