Solo camino, y el viento me desvela;
la noche cae cual manto funerario,
y el mundo, en su silencio temerario,
parece oír la pena que me anhela.
Mi corazón, que antaño alzó su vela,
hoy vaga sin farol ni itinerario;
pues del amor que fue mi santuario
no queda más que bruma que consuela.
¡Oh soledad!, antigua compañera,
tú que en mis huesos dejas tu presencia,
sé sombra fiel en esta vida austera.
Que ya sin ella, todo es decadencia,
y sólo tú, mi amarga consejera,
conoces bien la hondura
de mi ausencia.