Soñé ser sombra de palmeras en tu plaza,
hacerme eco de guitarra en el corazón.
Huir de inviernos, de sueños que son prisiones,
donde las palabras mueren al nacer.
Mas entendí: no hay lugar bajo este sol
que acaricia baldosas de otros.
No me necesitan aquí ni allá,
solo donde no hay que arreglarme: en el poema.
Y España se volvió no un destino, sino un signo:
que a veces el refugio es solo otro vacío.
Que el único hogar es una rebelión callada
entre «recuerda» y «detente»… entre ren
glón y mente.