El MAL QUEDA AL OTRO LADO
En dos fotos sale la poetisa Sexton
con las piernas encima de la mesa o escritorio,
porque ella es así, pero solo consiguió ser así
después de zafarse de un motón de rémoras,
de convenciones, de conjuntos vacíos,
de puertas sin picaporte,
y aunque no llegara a desprenderse del todo
de lo otro, tuvo la suficiente entereza
como para reconocer cómo era ella
y qué es lo que los demás le habían hecho,
casi nunca aparece tumbada plácidamente
o recostada sobre un ameno prado, sino más bien
tensa y como en permanente estado de alerta.
Ojos grandes, ojos claros ya rozando
la madurez de la edad y que nada pasan por alto,
con la nariz fina y los labios finos,
en alguna instantánea sonríe,
pero, en otras, mira desafiante, y lo más común
es que sonría y que desafíe al mismo tiempo.
A veces tiene libros, a veces niñas
alrededor, y, en muchos casos
aparece fumándose un cigarrillo.
Y estos grandes ojos brillantes
de las fotografías atemorizan un poco
y, debido a su gran expresividad,
paralizan en parte.
Gaspar Jover Polo