Una risa amable basta
para borrar los inviernos
que el corazón acumula
como añosos sedimentos.
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Una risa dulce basta
del enamorado pecho
para iluminar el mundo
con dichosos pensamientos.
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Una risa suave basta
—eco de felices versos—
desde tu soñada boca
para ansiar un rico beso.