Eran amigos, solo amigos.
Él se enamoró de ella, pero ella solo lo veía como un “amigo”.
Sin embargo, con el tiempo, algo cambió: ella también empezó a sentir lo mismo.
Se conocieron más a fondo, se trataron como novios, se besaron sin serlo.
Fue lindo al principio… hasta que ella dejó de amar.
Él, en cambio, se aferró más.
Aunque doliera, aunque se rompiera en pedazos, seguía aferrándose.
Hasta que un día se cansó.
Se cansó de llorar, de dudar, de sufrir.
Se cansó de dar amor a alguien que ya no lo quería.
Y eso casi lo mata.
Cayó en un pozo lleno de dudas, de pensamientos que dolían más que cualquier herida.
Un pozo con muchas preguntas, pero sin respuestas.
Ahí dejó de sentir.
Dejó de ver el mundo igual.
Dejó de amar como antes.
Se volvió frío, callado.
Y ahora, solo son eso:
dos desconocidos con historia.