Para Víctor Manuel Romero Rosales.
¡Víctor, Víctor! ¿No ves en la ventana
que la lluvia se desata,
a horas de la recién mañana?
¡Porqué demoras, porque delatas!
Tú en tus ojos célicos te llevaste
el sol áureo y el bello azul matutino,
el céfiro alegre, el rubor guardaste
en tus mejillas, perla, seda y lino...
Ven, para que el invierno acabe,
y se asome cálida y placentera
tu presencia, que como se sabe
es el soplo de la primavera.