Hace tiempo que corté la alambrada
para no volver a sentirme sola
y vivo en la melancolía de una tarde
que espera un ocaso reverdecido,
un espejismo indispensable
cuando la vida se vuelve áspera.
Eras el incipiente impulso,
la detectada necesidad,
el tesón de una quimera
que se enciende desconcertada.
Eras un huracán enardecido
que aprieta los dientes
cuando el dolor se impone
y la vida dicta sus leyes.