Carlos Baldelomar

ERA TARDE

 

Te descubrí esa tarde,

y era tarde en todos lados,

tarde para nosotros,

para la gente que corría,

tarde para todos,

menos para este

que dice ser corazón.

 

El sol indiscreto no supo

guardarte,

y vos tampoco tener otro rumbo,

infinitas perlas volaron

de tu cuerpo ágil,

como un vendaval

que desordena la memoria

del polvo.

 

Y yo, para ser franco,

de repente me sentí pobre,

de una pobreza antigua,

de esas que se reúnen

en las cantinas de las sombras,

ahí donde crece el musgo

y la vida de a poco se conforma.

 

Y cómo no desear

ser sol,

o tarde, o brisa, o lo que fuera

con tal de rozarte,

de acariciar un instante tu contorno

como esa prenda que abraza tu cuerpo,

y sabe guardar el secreto

de tu esencia en sus hilos.

 

Pero no hubo manera.

Era tarde.

Irremediablemente tarde

para quedarnos,

para descifrarnos.

Tarde para esta vida,

que no tuvo un designio amable

capaz de mostrarnos

tan siquiera

cómo mirarnos.