¿qué tipo de brujería?,
¿qué clase de hechizo?,
¿qué es ese extraño poder?,
¿porqué le roba la calma a este joven día tras día?,
¿qué fue lo que usted le hizo,
que no hallo responso ni logro entender?,
he visto misterios de gran confusión; lo evidencio,
enigmas, preguntas y dudas sin solución,
pero ninguno como éste que me ha dejado con tantas preguntas sin respuesta,
como las que haces tú con tu sonrisa puesta,
como las que haces tú con tu mirada y tu silencio,
con rostro divino, con voz encendida,
con manos preciosas que moldean mi propia vida,
no hay tal belleza, no existe fulgor,
que alcance tu hermoso esplendor:
cara con la que naciste,
voz con la que dijiste,
manos con las que hiciste,
no hay ninguna otra cosa que jamás existió, existirá o existe,
que tu eterno encanto y candor rivalice,
porque nada iguala el fulgor silente,
de tu rostro bonito, de tu mirar ardiente,
en tus ojos me he perdido y me condeno,
tu voz, incendio que en mi pecho habita,
eres el dios que mi ser necesita,
y al no hallarte, mi mundo queda en heno,
yo no escribo un poema de escuela o de feria,
con rimas de plástico y vana miseria,
no canto a la estrella ni al falso candor,
te nombro con sinceridad, con fuego y con dolor,
con cada palabra, con cada mirada,
me robas la calma, me dejas sin nada,
con cada cosa que sale de tu linda boca,
¡no te burles de mí!, pues cada cosa,
cada acto, cada gesto, me obsesiona y me provoca,
porque tu voz me calcina, me envuelve, me abraza,
abriendo en mis entrañas el fuego que arrasa,
y a mi corazón lo fríes en brasas,
pero también me helas los huesos, me helas la sangre,
no sé si es frío o calor, sólo sé que es mortal,
provocas un dolor peor que el hambre,
en mi estómago y en todo mi ser, que me hace llorar:
me has atrapado en tus redes,
en tus ojos me he perdido,
en tu voz mis oídos ceden,
y en este sentir me he rendido,
ya que tu hermosa esencia,
es la causa de mi miseria,
dime, ¿sin tu presencia?,
¡oh!, ¿de mi que sería?,
no hay montaña tan grande que alcance tu alto encanto,
y me derrito al verte como vela de cera,
y los latidos al millón se me aceleran,
ay, ¡si supieras cuanto!,
¡cuanto te admiro!, ¡te quiero tanto!,