Roma.

Un recuerdo eterno.

Adrián...

Hay fechas que el corazón guarda

sin pedir permiso,

y el 23 de julio es una de ellas.

Ese día me escribiste

y tus palabras se quedaron conmigo,

como un tatuaje invisible en el alma.

 

Leí cada frase tuya

y sentí que el mundo se detenía,

que no había distancia capaz

de apagar lo que nos une.

Ese día te sentí tan cerca,

como si tus manos rozaran las mías

y tus ojos me miraran de verdad.

 

Desde entonces,

te pienso distinto.

Te llevo en un rincón nuevo de mi pecho,

ese donde guardo todo lo que duele,

todo lo que amo

y todo lo que me da vida.

 

No sabés cuánto significó para mí

sentir tu corazón latiendo en tus palabras,

descubrir que también me soñás,

que también me esperás.

 

Y desde aquel día, amor,

hay algo que tengo más claro que nunca:

te elijo, te siento,

te sueño…

y te amo,

aun con la distancia,

aun con los silencios.

 

Porque desde el 23 de julio,

mi alma sabe que la tuya

es su lugar favorito.