Yo conocí del amor
bella y fragante quimera
donde nacían poemas
llenos de tierna pasión.
Fue de mi vida farol
dándole luz a mi senda,
como divina centella
puesta por mano de Dios.
Ella me dio lo febril,
de una ilusión que tenía
ese glorioso sentir
que ofrece homérica ninfa;
cuando en sus labios bebí
néctar que embriaga y fascina.
Autor: Aníbal Rodríguez