El tiempo es arquitecto de la nada,
forja en silencio cárceles de espuma,
nos viste con la piel que se despluma
y roba la canción recién sembrada.
Es máscara de luz que se desvela,
cántaro roto en ritos indecibles,
relámpago en relojes infalibles
que al instante edifica y desconsuela.
Nos da la voz y al momento nos hiere,
corona el alma y luego la destierra,
levanta el templo y al soplar se muere.
Mas su mentira al corazón encierra:
Creer que fluye, cuando nada fluye,
y que la vida en su ilusión se instruye.
JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2025