El Alma
Creemos que está contenida,
la piel su frágil linde,
su vasija el hueso?
¡Qué ignorante el error, qué pálido!
Es ella, la vasta y ciega,
la que abarca la noche que nos mira,
y el temblor que nos hace existir,
la que guarda la risa del niño que aún no es,
y la lágrima del que ya no recuerda su nombre
a veces tan magnífica, tan radiante,
que no se pueden contener.
¿No la ves, cómo se levanta
del polvo de la angustia
en forma de pájaro translúcido?
y va a posarse en las ramas del árbol de los sueños,
para que sus pétalos se abran
y canten con la voz del viento;
y sus frutos se vuelvan estrellas
que iluminen la noche de los incrédulos.
Así, en cada respiración,
el universo entero se dilata y se contrae
al son de un corazón
que se vuelve cósmico.
m.c.d.r