Me transformo, como la madera
que al arder en fuego, en ceniza queda.
Y ese polvo, con el tiempo,
se hace viento, ligero y lento.
Me transformo, en cada paso,
cuando río, cuando abrazo,
cuando callo, cuando nombro,
cuando soy y me deshago.
Pero en este juego eterno
hay que entender un simple credo:
que en cada furia, en cada espera,
algo te talla, algo te moldea.
Porque aun en las formas más fieras
encontrarás lo esencial:
la materia que te transforma,
y la chispa de ser lo que quieras.
Luis Prieto