Crisol d’amour
La pícara luna,
se deslizó tras una coqueta nube.
Sus ojos de plata espiaban
a dos cuerpos entrelazados
como lianas húmedas
sobre helechos vírgenes.
Purificaban antiguo deseo,
promesas infantiles
fundidas ahora
en un “crisol d’amour”.
La nube, pudorosa,
se llenó de vergüenza ajena,
y tapó con su cuerpo blando
la mirada indiscreta de la luna,
pero esta, aún creciente,
guardó en su pupila
el secreto ardiente
de “les amours interdites”.
Y bajo la fronda silente,
él bebía de ella
como de fruta recién partida,
mientras el bosque, cómplice,
contenía el aliento.