Nkonek Almanorri

CAMINO AL SILENCIO.

Eran y fueron los empujados hacia

ninguna parte, marchaban atados por un

camino de tierra en medio de un silencio

que ensordecía la conciencia

y a la vez te miraban como cómplice

de todo y de nada a la vez.

Osaron soñar con un posible olvido,

y hasta con un más que hipotético perdón,

es lo que calmaba el alma a la mirada

esquiva que guardábamos.

El que mandaba entonces aseguraba que el mando

premiaría no a los valientes sino a los

cobardes, lo haría sin tibieza para 

que el ejemplo cundiera, 

para que el valor se borrara.

Llegado el momento de hacer la matanza un dedo 

acusador nos recordaría nuestro

camino en silencio:

La palabra fue siempre silencio.

Los vi caer con el recuerdo,

con el recuerdo en medio

de la noche.

 

En aquellos tiempos todo era silencio. Lo vine a saber casi treinta años después: aquéllos que fueron perseguidos, vigilados, acosados fueron los hijos de los que en silencio eran llevados al matadero, a ser fusilados. Aquellos que murieron, asesinados frente a pelotones de fusilamientos, esperaron siempre en silencio y hasta ultísima hora que sus asesinos les conmutaran la pena de muerte, la mayoría de las veces sin juicio alguno. Hoy, siglo XXI, los nietos de aquellos asesinados son los que conforman la clase política de los que asesinaron a sus abuelos.

 

La vida, también, está llena de todo

eso tan malo y que es todo

eso que queramos

añadirle.

Y sin embargo ésta, la vida,

acaba siempre siendo

cruel.