Sobre agua y almendros
se mueve el firmamento,
cuajado de cristales.
Forman figuras,
cosidas, por un instante,
a un lienzo azabache.
La perla danza
por el firmamento,
saltando de estrella en estrella,
buscando la mirada
de los que, desde abajo, contemplan
un mar de lentejuelas,
nadando entre estelas.
Rehúsa apagar su encanto,
deslumbrando en blanco.
No hay más espacio:
la noche pacta con el alba.
El rojo reclama su momento,
y, allá en la distancia,
el oro y la plata se funden en un beso.
Rubén Romero Toledo © 2025 todos los derechos reservados