I
Cerezas a plena noche me rozan la piel,
como tus cartas guardadas con miel,
tus dulces me dicen lo que no puedes,
y en mis ojitos tiernos te pierdes,
loquito quedaste en mi red de papel.
II
Tus miradas me buscan, te brillan las ganas,
yo finjo no verte, coqueta y callada,
pero tu inocencia me deja encantada,
me siento bonita, me siento amada,
y el aire susurra promesas tempranas.
III
Tus dulces son besos envueltos de azúcar,
los dejo en mi mesa, los pruebo en penumbra,
cada caramelo a tu boca me arrulla,
me tienes tan loca que el alma me zumba,
y mi corazón entre risas se turba.
IV
Con rizos de oro me siento poema,
me miras y tiemblas, ya sé lo que piensas,
me escribes tu amor en cartas pequeñas,
y yo te respondo con rimas traviesas:
“te amo más que las cerezas”.
V
Tu dulzura me enciende como luna encendida,
me buscas con pena, yo río escondida,
en tu timidez florece mi vida,
y en tus ojitos el mundo se inclina,
pues sabes que en mí tu suerte palpita.
VI
Cuando pasas despacio me miras de lado,
con paso nervioso y rubor callado,
te noto tan tierno, tan enamorado,
que siento tu amor en cada regalo,
como fuego suave en dulzor disfrazado.
VII
Yo juego a la risa, tú juegas al miedo,
y en ese silencio los dos nos sabemos,
tus ojos me dicen “mi todo te entrego”,
y aunque no lo hables, yo siempre lo leo,
en cartas que laten con tu desespero.
VIII
Cerezas a plena noche se vuelven canción,
tú loco por mí, yo loca en pasión,
nos cubre la risa, nos salva el rubor,
y entre dulces, cartas y pura emoción,
late inocente y coqueto este amor.